Antonio Machado
Amada el aura dice
Amada, el aura dice tu pura veste blanca… No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
El viento me ha traído tu nombre en la mañana; el eco de tus pasos repite la montaña… no te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda!
En las sombrías torres repican las campanas… No te verán mis ojos; ¡m corazón te aguarda!
Los golpes del martillo dicen la negra caja; y el sitio de la fosa, los golpes de la azada… No te verán mis ojos; ¡Mi corazón te aguarda!
Arde en tus ojos
Arde en tus ojos un misterio, virgen esquiva y compañera.
No sé si es odio o es amor la lumbre inagotable de tu aljaba negra.
Conmigo irás mientras proyecte sombra mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino? Dime, virgen esquiva y compañera.
Consejos
I Este amor que quiere ser acaso pronto será; pero ¿cuándo ha de volver lo que acaba de pasar? Hoy dista mucho de ayer. ¡Ayer es Nunca jamás! II Moneda que está en la mano quizá se deba guardar: la monedita del alma se pierde si no se da.
Inventario Galante
Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo negro y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos. Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano… Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano. De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo negro y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios… De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso… Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.
Los sueños
El hada más hermosa ha sonreído al ver la lumbre de una estrella pálida, que en hilo suave, blanco y silencioso se enrosca al huso de su rubia hermana. Y vuelve a sonreír porque en su rueca el hilo de los campos se enmaraña. Tras la tenue cortina de la alcoba está el jardín envuelto en luz dorada. La cuna, casi en sombra. El niño duerme. Dos hadas laboriosas lo acompañan, hilando de los sueños los sutiles copos en ruecas de marfil y plata.
Parergón
Los ojos I Cuando murió su amada pensó en hacerse viejo en la mansión cerrada, solo, con su memoria y el espejo donde ella se miraba un claro día. Como el oro en el arca del avaro, pensó que no guardaría todo un ayer en el espejo claro. Ya el tiempo para él no correría. II Mas, pasado el primer aniversario, ¿Cómo eran ?preguntó?, pardos o negros, sus ojos? ¿Glaucos?… ¿Grises? ¿Cómo eran, ¡Santo Dios!, que no recuerdo?… III Salió a la calle un día de primavera, y paseó en silencio su doble luto, el corazón cerrado… De una ventana en el sombrío hueco vio unos ojos brillar. Bajó los suyos y siguió su camino… ¡Como ésos!